¿Qué diócesis existen en Venezuela?

El sistema diocesano de la Iglesia Católica Romana en Venezuela, unido en la conferencia episcopal venezolana, comprende nueve provincias eclesiásticas latinas, cada una encabezada por un Metropolitano (que tiene una arquidiócesis), incluyendo un total de 23 diócesis, cada una con su respectivo arzobispo.

Existen cuatro jurisdicciones latinas exentas: el ordinariato militar y tres vicariatos apostólicos pre-diocesanos. Además existen dos exarcados apostólicos exentos católicos orientales para iglesias particulares de rito específico sui iuris

Religión Católica en Venezuela

La religión de Venezuela siempre ha sido la fe católica. El trabajo misionero fue muy eficaz en los primeros días, los capuchinos, en particular, llevaron esa labor muy lejos, y muchos de los asentamientos de Venezuela fueron fundados por ellos y alcanzaron un alto grado de prosperidad bajo su dirección. 

Una de las mayores glorias de las órdenes religiosas y de la nación española es el registro de su desinteresada devoción a la redención social de las razas americanas. Los religiosos siempre defendieron a los aborígenes contra sus crueles asaltantes, siendo los primeros en reclamar para ellos los derechos de la humanidad.

Los reyes de España fomentaron estos puntos de vista humanos y cristianos, promulgando un gran cuerpo de leyes, las leyes de Indias, que siempre será un monumento de los nobles principios que inspiraron a esos monarcas en sus tratos con los aborígenes. 

Los franciscanos y los dominicos tuvieron la parte principal en su trabajo civilizador. En Venezuela ejercieron su ministerio con resultados fructíferos y cuando la conquista fue completada, continuaron su misión con el mayor celo.

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Conventos Católicos en Venezuela

Antes de 1830 había cuarenta conventos en Venezuela: en Caracas, los de San Francisco, San Jacinto, San Felipe, las Mercedes y los Capuchinos. En Barcelona, el de San Francisco; en Píritu, el de San Francisco. En Barquisimeto, el de San Francisco; en Tocuyo, y el de San Domingo; en Carora, de San Francisco; en Valencia, de San Francisco; en Cumaná, de San Francisco y de San Domingo; en Cumanacoa, de San Francisco; en el Golfo de Santa Fe, el de San Domingo.

En Cabruta, los jesuitas; en Angostura (Ciudad Bolívar), los jesuitas; en San Francisco, su mismo nombre; en Caripe, la de San Francisco. En Mérida, San Domingo, San Agustín y Candelaria.   

En Asunción, la de San Francisco y la de Santo Domingo; en Guanare, la de San Francisco. En San Cristóbal, la de San Agustín; en Trujillo, de San Francisco y de San Domingo; en Guasipati, de San Francisco.

En Upata, de San Francisco; en Caruachi, de San Francisco; en Gury, de San Francisco; en Tupuquen, de San Francisco; en Santa María, de San Francisco; en Maracaibo, de San Felipe y de los Jesuitas.

Comunidades de Monjas Católicas

Alrededor del año 1830 había en Venezuela las varias comunidades de monjas: en Caracas, la de las Concepciones, fundada en 1617 por Doña Juana Villela y sus hijas, damas españolas, y autorizada por el Rey de España, en 1619.

La de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa, fundada por doña Josefa Melchora de Ponte y Aguirre, doña Mejías y don Miguel de Ponte, autorizada por real cédula  de 1725; el edificio se inició en 1726 y se inauguró en 1732; y las Dominicas se establecieron en 1817. 

El convento de las monjas dominicas de Trujillo se inició en 1599 y se abrió en 1617. El de las Clarisas de Mérida fue fundado en 1651 por Don Juan de Bedoya. El del Beaterio de Valencia fue fundado por los Revs. Juan José Rodríguez Felipe, el Dr. Carlos Hernández de Monagas y el Dr. Juan Antonio Hernández de Monagas. 

La primera idea de estos sacerdotes caritativos fue establecer un colegio para la educación de las jóvenes, y este objeto fue contemplado en la autorización dada por el Arzobispo Francisco de Ibarra, en 1806. Con el consentimiento del Arzobispo Coll y Prat, dado en 1814, se convirtió el colegio en un beaterio. 

De acuerdo con la autorización del arzobispo, las niñas serían instruidas por beatas carmelitas (mujeres devotas), que observarían los votos monásticos mientras desearan vivir en el Beaterio. El arzobispo Coll y Prat recibió los votos de las primeras beatas y les dio el velo en 1814.

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